Mosén Mariné, alma de apóstol

09.01.2012 20:52

Hace ya dos años que falleció aquel humilde y entrañable sacerdote que estuvo treinta y cinco años al servicio de la comunidad parroquial de San Félix. Sacerdote de pequeña estatura, pero de corazón inmenso, vivía su vocación con auténtica pasión, mostrando un carácter afable y exquisito que no dejaba a nadie indiferente.

    Ejerció como rector de la parroquia, donde se volcó en una intensa práctica litúrgica. Su devoción a la Eucaristía era esencial en el cultivo de su amor a Cristo sacramentado.

    Su celo apostólico le llevó a realizar diferentes tareas a ritmo trepidante: visitas a enfermos, celebraciones de funerales en Sancho de Ávila, atención pastoral a los gitanos de la Vila Olímpica, colaboraciones en hospitales, administrando la santa unción y el viático… Fue un auténtico guerrero de la fe, y siempre con buen humor y afabilidad. Vivió su sacerdocio sin desfallecer hasta el último aliento de su vida.

    Algunos feligreses recuerdan el contraste entre su vitalidad y entusiasmo y la progresiva pérdida de fuerzas en sus últimos años. Pero, aunque se iba debilitando, seguía al pie del cañón, incansable en su maratón hacia el Padre.

    Se le acababa la fuerza física, pero no el fuego ardiente que mantenía vivo en su interior. Hasta los últimos días quiso celebrar misa en San Félix, y pese a sus dificultades visuales y a su movilidad limitada, nunca quiso dejar de celebrar. Siguió firme hasta donde pudo, sin rendirse, porque para él la Eucaristía era el centro de su vida. Podríamos decir que fue un jabato de Dios hasta el último suspiro.

    Ya extenuado, en el hospital, su encuentro con Dios Padre era inminente. Se le abría la gloria del cielo, por el que tanto había sufrido, trabajado y amado. Al otro lado de la orilla, seguro que estaban a punto de recibirle, con los ángeles, el santo Cura de Ars, patrón de los párrocos, Jesús y la Santísima Virgen, a la que tenía tanta devoción.

    No dejemos que se borre de la memoria parroquial el testimonio vivo de este sacerdote. Hizo el bien a muchas personas y muchos son quienes le recuerdan con cariño y agradecimiento. Hoy, en esta celebración, pidamos a Mosén Mariné que, desde el cielo, nos ayude a mantener viva la comunidad cristiana que él atendió con tanta solicitud.

Mn. Joaquín Iglesias

9 enero 2012