Piedras que hablan

10.06.2012 20:27

Piedras que hablan

Esta reflexión la escribió el P. Joaquín tras la peregrinación a Roma. Podéis leer la versión completa en el blog Evangelizar hoy.

Pinturas en movimiento. Esculturas que respiran. Son manifestaciones de una ciudad que concentra el arte mundial: Roma. Su historia y esplendor se hacen patentes en su arquitectura, en su pintura y en su escultura. Tanta grandeza y genio arquitectónico ponen de relieve el poder de un imperio que se extendió imparable alrededor del Mediterráneo. Contemplo los restos de esta grandiosidad pasada: el Coliseo, el Circo Máximo, la Columna Trajana, el Panteón. Visitar Roma deja un sabor de epopeya. Una epopeya que también vio su declive.

Ante tanto esplendor en piedra, ¿qué valor tenía la vida humana? ¿Dónde está el origen de tanta riqueza? ¿Cuántas almas dejaron el sudor y el aliento entre los sillares de templos, palacios y murallas?  La cara oscura de la gloria la encontramos en aquellos que se enriquecieron dedicándose al negocio de la muerte. Roma se construyó sobre la fuerza y la sangre. Uno queda sobrecogido cuando lee las cifras: multitudes de esclavos servían y morían para mantener la gloria del imperio.

El Cristianismo puso en jaque a los emperadores que se autoproclamaban dioses, exigiendo culto y reverencia a sus vasallos. Otra clase de cultura estaba emergiendo, inspirada por la figura de Jesús de Nazaret. La persona y su libertad serían el eje de esta revolución que, poco a poco, fue empapando el mundo romano. La gloria ya no estaba en los monumentos, sino en el ser humano. Ya no serían la fuerza ni el genio quienes dominarían el mundo, sino una nueva concepción de las relaciones humanas, basada en el amor. El gran templo ya no sería de piedra y mármol, sino de carne y hueso: el cuerpo del hombre se convierte en el santuario predilecto de Dios.

Crónica romana: descargar pdf del escrito de Montse de Paz: cronica_romana.pdf (2,7 MB)

Aquí tenéis algunas fotos del viaje. El grupo en el Vaticano, en San Pablo Extramuros, esperando al Papa en la plaza de San Pedro, con las hermanas religiosas de Santa Lucía Filippini y los dos matrimonios que este año celebran su 50 aniversario de boda.