Un reto apasionante

06.08.2012 00:00

Un reto apasionante

Hace dos años que llegué a esta parroquia para ocuparme de ella como rector. Con motivo de este aniversario de mi llegada, he escrito unas reflexiones sobre San Félix, la comunidad y la nueva evangelización. Aquí os ofrezco la primera.

Los cambios, oportunidades

Todo cambio es una gran oportunidad para crecer, aprender y ponerse uno mismo a prueba. La capacidad de adaptarse al nuevo entorno, a las gentes, a las experiencias, pide un dejarse llevar por la fuerza del Espíritu. Ahí donde te lleve, hay que aprender a ser dócil al soplo de Dios.

Nuestra meta no es otra que conquista el corazón del hombre y posibilitar su encuentro con Dios. No importa el cómo ni el lugar, lo importante es tener claro que somos instrumento de la Providencia hacia su criatura. La parcela de la evangelización no es tanto un lugar físico como el corazón humano. Se trata de proponer un camino fascinante: seguir a Jesús y tenerlo a él como centro de nuestras vidas.

Cuanto más pasa el tiempo más me doy cuenta de que toda experiencia pastoral en las diferentes parroquias ha ido añadiendo un valor a mi vida. Todo cambio ha supuesto un nuevo reto y una oportunidad para ir esculpiendo mi imagen sacerdotal a imitación de la misma imagen de Cristo. Toda nueva misión ha sido un regalo que Dios me hace para ir moldeando mi corazón. Con el tiempo, la pastoral, ejercida con intensidad, me hace cada vez más vibrante la presencia de Dios.

La unión mística con Cristo produce sus frutos: la humanidad de Cristo, encerrada en la humildad de un sacerdote, va emanando el perfume de la caridad, rasgo distintivo de un consagrado al servicio de la comunidad y de la Iglesia.

 

De San Pablo a San Félix

Han pasado los años desde que el viento del Espíritu llevó la barca de mi corazón de la zona marítima de Badalona hasta la Vila Olímpica de Barcelona. Desde el barrio del Raval, la brisa del mar me impulsó a surcar otros mares. Aquí, entre el barrio del Parque y la Vila Olímpica, llegué un día 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración del Señor, y comencé a celebrar mis primeras misas en San Félix Africano. La nueva parroquia está ubicada entre dos instituciones educativas: un colegio y la universidad; al lado del zoológico y el parque de la Ciudadela, en la calle Cerdeña esquina Ramon Turró. En el centro del complejo parroquial, me encontré con un precioso patio, lleno de plantas y con hermosos árboles. Un cielo abierto en medio de la ciudad. Después de una intensa jornada pastoral me gusta salir a contemplar la bóveda del cielo, con sus matices de luz, que pinta de color los edificios que lo rodean. Sus siluetas se recortan apuntando hacia el cielo, a veces oscuras, a veces plateadas bajo la luz de la luna. Cada anochecer, cuando ya todo está tranquilo, admiro el azul Prusia de ese manto celeste donde se encienden las primeras estrellas, como anunciando la hora del descanso. La belleza de la noche es sobrecogedora e invita a rezar, con el alma suspendida entre la admiración y la gratitud. Me siento como pisando el umbral del paraíso y doy gracias a Dios por tanta belleza.

Desde San Pablo, apóstol entusiasta de los gentiles, que murió mártir, a San Félix, otro ferviente predicador y también mártir. Los dos estuvieron en la Hispania Tarraconense; los dos fueron enamorados de Cristo y viajeros. Los dos dieron su vida tras anunciar incansablemente la buena nueva y convertirse en animadores de las primeras comunidades cristianas. Pese a la persecución, su vigor y vitalidad propició que el cristianismo floreciera más que nunca. El testimonio de los mártires hizo posible el crecimiento de la comunidad primitiva. Su sangre derramada se convirtió en semillero que hizo expandirse con fuerza inusitada el cristianismo por el mundo. Pido a los dos santos que, desde el cielo, me ayuden a tener la misma pasión que tuvieron por Cristo. Y que sepa convertir mi sacerdocio en una entrega total, como ellos lo vivieron. Porque sólo así mi trabajo pastoral será fecundo. Le pido a Dios que ellos me inspiren con alegría y creatividad en el ejercicio de mi sacerdocio.

 

El origen de dos parroquias

La parroquia de San Pablo de Badalona fue erigida en 1963, por el Doctor Modrego, a raíz de las oleadas migratorias de los años 60. En torno al centro de Badalona iban creciendo nuevas barriadas, como el Raval, y había que atender las necesidades espirituales de los vecinos de esas zonas. San Pablo se constituyó pensando en los barrios del Raval y de Sistrells, que hoy se extienden cerca de la zona del Gorg, a ambos lados de la autopista. El primer templo fue una nave industrial en desuso, que sus propietarios donaron y se habilitó para tal fin. Más tarde, en los años 80, se construyó el actual templo con sus dependencias. San Pablo fue una parroquia obrera en sus orígenes. Allí se reunían, en la clandestinidad, grupos sindicales y activistas de los movimientos obreros antes de la llegada de la democracia. Posteriormente, siempre ha sido una parroquia cercana a los pobres y a las personas más vulnerables de su entorno. Desde Cáritas y a través de otras iniciativas sociales ha desarrollado una rica pastoral de atención a la infancia, a los inmigrantes, a las personas mayores y a las familias necesitadas.

El origen de San Félix fue distinto, al igual que su contexto sociológico. Erigida en 1945, en plena posguerra, su primera sede fue el comedor de un asilo de ancianos, donde hoy está el Colegio Antoni Brusi. Más tarde, se desplazó a un antiguo hospital de enfermos infecciosos, donde se habilitó un espacio como templo. Y más tarde, en 1963, con mosén Mariné, los feligreses adquirieron los edificios del centro veterinario municipal, con su patio, y allí emplazaron el templo, la capilla y las demás salas, hasta el día de hoy. La parroquia nació en un barrio industrial de gentes sencillas y trabajadoras, con un importante colectivo militar y, en los últimos años, de un número creciente de estudiantes, inmigrantes y familias nuevas que han venido a vivir a la zona de la Vila Olímpica. Tanto en su vida litúrgica, como en la promoción de eventos culturales, en los años 60, y en su labor hacia los más necesitados, San Félix ha jugado un importante papel de cohesión social en la zona.

No dejo de comparar la historia de las dos parroquias y ver sus paralelismos. Ambas están bajo la advocación de dos mártires misioneros. Ambas se fundaron en barrios que, entonces, eran casi las afueras de la ciudad, zonas obreras y de inmigración. Ambas estuvieron al lado de la gente en sus necesidades. Ambas alentaron el movimiento asociativo y vecinal, la participación ciudadana. Y ambas, hoy, aglutinan realidades sociales desafiantes. 

P. Joaquín Iglesias